Thursday, December 30, 2010

Hug Hefner y los roscones.

Siempre pensé que Hugh Hefner no se volvería a casar, la noticia me tomó por sorpresa sobre todo porque su futura esposa es una de las nuevas “girl of the playboy mansión”. Siempre preferiré a Kendra, Holly y Bridgey. Ahora veo capítulos trasnochados de alguna temporada que desconozco, mientras tomo Coca-cola desde una botella de litro.

Son casi las tres de la mañana, del último día del Bicentenario de las dos patrias que siento como mías, y hoy estoy en Bogotá, en el Jota Vargas, en mi casa, en mi cuarto de adolescente; es extraña esta sensación de sentirse extranjero sin serlo.

Dejé este blog desde que entré a la Universidad, y lo dejé como he dejado tantas cosas en mi vida por enfocarme compulsivamente en mi estudio. En unos meses estaré en mi penúltimo año de Licenciatura de Historia y solo siento que sé cada vez menos, una sensación que me atormenta, pero que agradezco.

Bogotá esta rara, no hay pudor, las calles se destapan a flor de piel, pero su gente siempre tan amable. El martes venía de donde mi prima y tras entregarme una chaqueta que se me había caído al piso, una señora me empezó a contar que le habían robado su monedero, como si nos conociéramos de toda la vida; extraño eso, al vecino sin serlo, al ciudadano sin metro cuadrado y sin barreras comunicativas.

Mi papá me sirvió ayer Roscón, Colombiana y Génova, ¿habrá algo más autóctono? El primer mordisco es un retorno desde lo gustativo a mi vida, los recuerdos que dejé un día aquí, sin imaginar que tendría que atesorarlos y seleccionarlos para sentirme plena en la distancia.

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