-¡Siga que esto es Transmilenio, aquí cabemos todos!, le decía a todo el que se subía a la micro. Durante todo el camino ofreció trago, una mujer le aceptó; contó chistes, cantó y gritó.
En una esquina de la Séptima, frente a Vía libre, timbró, se despidió de todos y se bajó, dejándome con la sensación de que estás cosas solo pasan un viernes en Colombia.
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